Causas Originales


Alguna vez escuché a un sacerdote decir que ningún pecado era original, refiriéndose -un poco en broma- a que cualquier pecado que uno haya cometido no era nuevo bajo el sol. Como católicos hemos estudiado sobre el pecado original y sus consecuencias, sin embargo, San Juan Pablo II, en sus enseñanzas sobre la Teología del Cuerpo, nos descubre o nos hace entender que al principio de la humanidad también existían otras causas originales de las que deberíamos estar conscientes.

Desnudez original: se refiere a la experiencia original de la desnudez sin vergüenza. Adán y Eva no estaban contaminados por el temor que significaba enseñar sus cuerpos, ya que no tenían ninguna clase de lujuria en sus corazones. Antes del pecado, el hombre y la mujer experimentaban el deseo sexual como un deseo de amar a imagen de Dios. San Agustín decía que el deseo más profundo del corazón humano es ver al otro y ser visto por el otro con una mirada de amor. “Sólo la desnudez que hace «objeto» a la mujer para el hombre, o viceversa, es fuente de vergüenza. El hecho de que «no sentían vergüenza» quiere decir que la mujer no era un «objeto» para el varón, ni él para ella”, declara San Juan Pablo II el 20 de febrero de 1980.

Soledad original: no solo se refiere a la experiencia de Adán de estar sin Eva, sino también a la experiencia humana de estar solo en el mundo visible. Adán descubre su soledad poniéndoles nombre a los animales y dándose cuenta que él era diferente. El hecho de que Adán le haya puesto nombre a Eva, ya no representa una posesión, porque él reconoce que ella sí es hueso de sus huesos y carne de su carne, y por sobre todo una misma dignidad que no descubrió con los animales. “Parece, pues, basándonos en todo el contexto, que esta soledad tiene dos significados: uno, que se deriva de la naturaleza misma del hombre, es decir, de su humanidad, y otro, que se deriva de la relación varón-mujer”, explica San Juan Pablo II en su audiencia general del 10 de octubre de 1979.

Unidad original: se refiere a la experiencia de auto donación de amor y comunión del hombre y de la mujer antes del pecado. Se refiere en primer lugar a que el hombre y la mujer poseen una misma humanidad y en segundo lugar a que deben volverse “una sola carne”. La unidad original del hombre y la mujer de ser “una sola carne” dista mucho de la copulación de los animales. Miren ustedes a sus mascotas, ellos se aparean pero no entran en comunión. La revolución sexual nos reduce al nivel de los animales. En palabras de San Juan Pablo II, en la audiencia general del 7 de noviembre de 1979, esta unidad “se basa en la masculinidad y en la femineidad, casi como en dos «encarnaciones» diferentes, esto es, en dos modos de «ser cuerpo» del mismo ser humano, creado «a imagen de Dios»”.

De aquí podemos desprender otras “causas originales” como la alegría original de vivir en plena presencia de Dios, o la inocencia original en la que estaban acostumbrados nuestros corazones antes de conocer el pecado. La esencia del ser humano ha sido modificada por el error de nuestros primeros padres, pero a través de la encarnación de Jesucristo esa esencia debe ser rescatada. Nuestra marca de creación es el amor, porque fuimos creados por el único generador de amor que existe, Dios mismo.


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