Para Siempre


Solo hay tres posibilidades para el divorcio. O el hombre no dio suficiente amor, o la mujer no dio suficiente amor, o ambos no dieron suficiente amor. No hay más opciones. Todas las explicaciones que uno pueda argüir se reducen a estas. Uno de los esposos (a ambos) no supo valorar el compromiso en el que había incurrido cuando dijo “sí acepto” en el sacramento del matrimonio. Frase que fue pronunciada frente a toda una asamblea y frente al altar. Los dos intercambiaron una promesa, y las personas honestas mantienen la palabra dada.

Hoy en día muchos hombres y mujeres buscan en el matrimonio la realización de su vocación, pero muy pocos quieren encontrar en él el camino de la salvación y de la santidad. Sin embargo, el matrimonio entre dos bautizados es precisamente eso, un camino para alcanzar el cielo. Dicho de una manera bien popular: el esposo se santifica aguantando a su esposa y la esposa se santifica aguantando a su esposo.

Ningún hombre puede dirigirse a una mujer seriamente y decirle: “te amo con todo mi ser, por media hora”. El “para siempre” debe durar eso, toda la vida, no media hora ni 10 años. Tengamos en cuenta que es justamente la pareja en presencia del sacerdote los que se unen como marido y mujer. Es decir, ellos mismos son los ministros del sacramento -mediante libre consentimiento- el sacerdote solo actúa como testigo. Y esa entrega que los novios expresan con sus labios es lo que realizaran luego a puerta cerrada, y de manera diaria en cada acto de desapego de sí mismo. Ese don, esa entrega, ese desapego, no es posible medirlo y debe ser total.

El Cardenal Karol Wojtyla, en su libro Amor y Responsabilidad, base de lo que sería después la Teología del Cuerpo, escribe: "En efecto, la vida confirma el valor de la elección correcta cuando la sensualidad y la afectividad flaquean y los valores sexuales dejan de actuar. Ya no queda entonces más que el valor de la persona, y aparece la verdad interna del amor. Si ha sido una verdadera entrega y una verdadera pertenencia de personas, no solamente se mantendrá, sino que se hará incluso más fuerte y más arraigado. Si, por el contrario, no ha sido más que una sincronización de sensualidades y emotividades, perderá su razón de ser y las personas que se habían embarcado en él se encontrarán bruscamente en el vacío. No se ha de olvidar nunca que todo amor humano atravesará una prueba de fuerza y que entonces se revelará toda su grandeza".

Una pareja puede gustarse físicamente, pero luego debe venir la etapa del conocimiento. Si los novios se saltan esa etapa de conocerse el uno al otro y brincan instintivamente a la parte carnal de la relación, es muy posible que quede en eso. Tal vez por ese motivo muchos matrimonios hoy en día fracasan, porque se quedaron en la sensualidad de la que habla el santo Juan Pablo II. Como una vez escuché, el esposo debe ser experto en su esposa, y ella debe ser experta en él. Solo con ese grado de comprensión mutua es posible embarcarse en una aventura que deberá durar toda la vida. Sino, la relación está llamada al desamor y al fracaso.

#matrimonio

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