Volver a Las Cosas Mismas


A fines del siglo XIX, el Papa León XIII, escribió una carta encíclica llamada Aeterni Patris, sobre la restauración de la filosofía cristiana conforme a la doctrina de Santo Tomás de Aquino. Al final del documento, él hace una invitación a todos los filósofos católicos de la época para renovar el pensamiento cristiano regresando al estudio del santo.

Su preocupación principal eran las filosofías que se estaban presentando en ese período, los cristianos debían tener herramientas para defenderse de estas ideologías, no solo bajo la luz de la fe, sino también bajo la luz de la razón, ya que el debate cultural que se estaba librando a finales del siglo XIX exigía que los cristianos no solo creyeran que Cristo era Dios, sino que también pudieran dialogar en el espacio público con las herramientas que brinda la razón al margen de la Revelación.

El documento realmente tuvo acogida, ya que permitió renovar y crear espacios en centros y universidades para estudiar no solo a Santo Tomás sino a otros pensadores católicos, haciendo un gran esfuerzo para responder a los desafíos del momento.

En el siglo XX, estos lugares vieron la necesidad de formar a los jóvenes y crearon manuales para el estudio específico de Santo Tomás en las diferentes materias, de manera didáctica y cuidadosa, ya que el santo había escrito sobre diversos temas, desde la antropología hasta la moral.

Siendo aún seminarista, Karol Wojtyla se encontró con estos manuales, que, aunque poseían una estructura muy bien formada y con un orden expositivo perfecto, eran de muy difícil comprensión. Ya como sacerdote, y rodeado de jóvenes con muchas dudas, él analiza la posibilidad de reformar la moral tomista para hacerla más atractiva y digerible para la gente de la época.

Es ahí donde se encuentra con los textos de un filósofo aleman, Max Scheler, seguidor de la corriente de la fenomenología, pensamiento iniciado por Edmund Husserl. Esta corriente, descubierta también por Edith Stein antes de su conversión, trata de apelar a la experiencia intuitiva o evidente, es decir, toma a las cosas como se muestran de la manera más pura posible. “Volver a las cosas mismas” sería el lema de la fenomenología. Este movimiento analiza las situaciones de una manera más profunda llegando a conocer un significado mayor de lo que a primera vista parece obvio.

Dejando a un lado todo tipo de prejuicios y todo tipo de autoridad, la gente debería pensar por sí misma, dando una explicación razonable de la verdad, sobre todo en temas de moral. La experiencia que nos ofrece el mundo es la única forma de descubrir la verdad, más allá de lo que podamos leer de autores intelectuales importantes. Pero, la verdad también está reflejada no solo en lo que yo puedo ver, tocar y experientar con mis sentidos, sino también en el orden correcto de las cosas.

Se cuenta que, siendo profesor en la Universidad Católica de Lublín, Wojtyla preguntaba a sus alumnos cuál era la diferencia entre la música y el ruido. La experiencia nos indica que los dos son sonidos. Sin embargo, uno posee un patrón que ordena los sonidos y el otro no. Reconocemos este dato objetivo de manera natural, pero gracias a nuestras experiencias previas sabemos diferenciar la armonía, la melodía y el ritmo que posee la última canción de Chayanne, del ruido que hace el camión recolector de basura al pasar por nuestras ciudadelas.

Es conocido que Karol Wojtyla fue inviato a dar su opinión para lo que sería la carta encíclica Humanae Vitae del Papa Pablo VI. Antes de esta encíclica y según el pensamiento tomista, el acto conjugal tenía un fin principal: la procreación, y dos fines secundarios: la ayuda mutua y como remedio a la concuspicencia. Pero luego de la encíclica el acto sexual tiene solo dos fines: unitivo y procreativo, y ninguno es más importante que el otro. Cada acto unitivo tiene que estar abierto a la procreación y en cada acto procreativo la pareja debe vivir plenamente su unidad.

El Cardenal Karol Wojtyla, en su libro Amor y Resposabilidad, utiliza el método fenomenológico para explicar la moral sexual. Olvidándose de las enseñanzas tradicionales sobre las virtudes teologales, él se sumerje en lo que pasa realmente en las relaciones de pareja. Este libro crea mucha expectativa, porque no era el típico libro sobre sexualidad que un sacerdote estaba acostumbrado a escribir.

Para Wojtyla, los fines el acto conjugal según Santo Tomás de Aquino no son normativos, porque entonces habría que tener hijos para legitimizar cada acto sexual. Para él la actitud meramente reproductivista deja a un lado la verdadera belleza del “abrazo nupcial”, como él mismo lo denomina. El hombre no solo habla con la boca, sino con el gesto. A veces, el lenjuage no verbal dice más… una caricia, una mirada, tiene un significado para la pareja y hay que aprender a leer esos gestos no verbales, pero objetivos. Este es un ejemplo de la nueva ética sexual cristiana que San Juan Pablo II trata de enseñar gracias a la aplicación de la fenomenología.

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