Fortaleza: Otra Virtud Cardinal


En algún momento de nuestras vidas todos nos encontramos con cosas o situaciones que nos causan miedo. Puede tratarse de un despido repentino, de una elección de cambio la vida, de una enfermedad imprevista o de un dolor físico inusual, el miedo es un hecho de la vida en un mundo caído.

Pero, ¿cómo miramos de frente estas dificultades sin perder el corazón? Practicando la virtud de la fortaleza.

Definiendo la fortaleza

Para entender mejor la virtud de la fortaleza, debemos recurrir nuevamente al Catecismo de la Iglesia Católica, que la define de la siguiente manera:

La fortaleza es la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien. Reafirma la resolución de resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida moral. La virtud de la fortaleza hace capaz de vencer el temor, incluso a la muerte, y de hacer frente a las pruebas y a las persecuciones. Capacita para ir hasta la renuncia y el sacrificio de la propia vida por defender una causa justa. “Mi fuerza y mi cántico es el Señor” (Sal 118, 14). “En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: Yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33). (C.I.C. 1808)

En pocas palabras, la fortaleza es la habilidad de elegir lo que es correcto aun cuando todo dentro de nosotros y fuera de nosotros nos está diciendo que huyamos por causa del miedo. Es la capacidad de mantenernos firmes en la búsqueda del bien ante el peligro y el sufrimiento potencial.

La fortaleza fluye naturalmente de la fe, la esperanza y la caridad. Cuando creemos en las promesas de Dios (fe), y no confiamos en nosotros mismos, sino en la fuerza de Cristo (esperanza), y estamos motivados por el amor (caridad), nos encontraremos naturalmente llenos de la virtud de la fortaleza.

Fortaleza ilustrada

Las películas del Señor de los Anillos son unas de mis favoritas. Aunque no son enteramente fiel a los libros, creo que capturan varios elementos claves que Tolkien estaba tratando de transmitir, por ejemplo la fortaleza y la perseverancia de los humildes hobbits.

Uno de mis momentos favoritos de la serie está en Las Dos Torres. Después de un largo viaje, Sam y Frodo finalmente están a punto de entrar en Mordor. Están cansados, desalentados y temerosos de lo que les espera. Para colmo de males, los nazgul están a punto de cazar a los dos hobbits, y sus posibilidades de ser capturados o asesinados son astronómicas.

Frodo, cargando el peso de llevar el anillo, está en el borde de tirar la toalla y de dar marcha atrás. Sam también está cansado y asustado, pero a diferencia de Frodo, posee una fortaleza interior que le impulsa a seguir. En un discurso emocionante, le recuerda a Frodo exactamente por qué no pueden renunciar a la tarea encomendada. Es uno de mis momentos favoritos.

La frase clave en este discurso es "La gente en esas historias tenía muchas oportunidades de regresarse, pero no lo hicieron. Ellos continuaron”. Eso es fortaleza.

La fortaleza en la práctica

En Occidente, la mayoría de nosotros no tenemos que hacer frente a ningún tipo de peligro real en nuestra vida diaria. Sin ambargo, hay varias oportunidades para practicar la fortaleza. Incluso persignarse y orar públicamente requiere una pequeña cantidad de fortaleza para la mayoría de nosotros.

Quizás la oportunidad más obvia para ejercitar la fortaleza, es ver alrededor nuestro el colapso moral y social del mundo occidental. Ante nuestros ojos, una civilización una vez grande, construida sobre la base de una fe católica compartida, está cayendo en ruinas. La nueva tiranía del relativismo ataca todo lo que es bueno, bello y verdadero, mientras cada vez más se criminaliza la división en nombre de la tolerancia.

Las violaciones de la libertad de expresión son constantes; la economía está cayendo precipitadamente; la violencia afecta nuestras escuelas, los centros comerciales y los teatros; los niños están siendo sexualizados; la unidad familiar está desmoronándose; el islam radical está en aumento; se celebra la redefinición del matrimonio. La lista sigue y sigue. Francamente, todo es un poco aterrador, y me estremezco al pensar en el mundo en el que crecerán mis hijos.

Pero lejos de tener miedo, tenemos que ser valientes para enfrentar estos asaltos morales. Ahora, más que nunca, la fortaleza es necesaria entre los hombres, especialmente los hombres católicos. Estamos llamados a permanecer firmes y reconocer que, no importa lo negro que parezcan las cosas, "hay algo bueno en este mundo, y vale la pena luchar".

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