Batalla Espiritual: 3 Ave María por la Puerza


“Las armas de nuestro combate no son carnales, antes bien, para la causa de Dios, son capaces de arrasar fortalezas” San Pablo.

Todos los días nos enfrentamos con diversas tentaciones que nos podrían conducir al pecado. Estas tentaciones toman muchas formas. Algunos de nosotros luchamos con un temperamento explosivo, otros con el egoísmo, otros con la pornografía, otros con la avaricia y el materialismo. Por la gracia de Dios, debemos vencer estos pecados y darles muerte. Sin embargo, la pura fuerza de voluntad no es suficiente.

En el combate espiritual, necesitamos armas espirituales, así que hoy comienzo una serie de artículos sobre los instrumentos sobrenaturales que podemos usar para luchar contra el pecado y crecer en santidad. Estas armas nos han sido entregadas por los grandes santos de la fe católica, y han sido probadas y comprobadas en el campo de la batalla espiritual.

3 Avemaría

Inspirado en la Fiesta de María Reina , pensé que sería apropiado hablar sobre una devoción que pide ayuda a la Reina del Cielo, la práctica de decir tres Avemaría cada mañana y antes de acostarse.

Esta devoción sencilla pero poderosa fue alentada por muchos grandes santos, entre ellos San Antonio de Padua, San Leonardo de Port-Maurice y San Alfonso de Ligorio.

El punto de la devoción es pedir a Nuestra Señora la gracia de vivir una vida santa todos los días. Cada Ave María se recita en honor a una persona de la Santísima Trinidad y se pide una gracia específica.

En una visión dada a Santa Matilde, la Santísima Virgen describió la devoción en estos términos:

En el primer Avemaría, me pedirás en virtud del poder supremo que Dios Padre me ha dado para fortalecerte en todos tus combates y defenderte contra el poder del maligno enemigo.

En el segundo Ave María, me suplicarás, por la admirable sabiduría que he recibido de mi Hijo, para que la verdad brille sobre tu alma y para desterrar de ella la oscuridad de la ignorancia y el error.

En el tercer Ave María, me solicitarás por el fuego ardiente del amor con que me ha inflamado el Espíritu Santo, para darte la caridad ardiente que te permitirá vencer el miedo y la lucha de la muerte.

Esta devoción es un arma especialmente poderosa para combatir los pecados de la lujuria. San Alfonso, uno de los mayores promotores de esta devoción, recomendó añadir al final la siguiente oración: "Por tu pura e inmaculada Concepción, oh María, purifica mi cuerpo y santifica mi alma". Otra opción es orar: “Madre, sálvame hoy del pecado mortal”.

No importa lo ocupados que estemos, todos podemos hacer tiempo para esta devoción simple, rápida y poderosa. Es una excelente armadura espiritual, y si la practicas fielmente, crecerás en santidad y encontrarás fuerza en tus luchas contra el pecado.

¿Tienes un arma espiritual, una devoción o un sacramental que ha sido especialmente poderoso en tu vida? Envíame un mensaje con tus recomendaciones y cualquier historia de las gracias recibidas.

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