A Propósito de la Fiesta de la Divina Misericordia


“Ante la gravedad del pecado, Dios responde con la plenitud del perdón”.

Papa Francisco

Este 23 de abril festejamos la Fiesta de la Divina Misericordia, fiesta instaurada por san Juan Pablo II y solicitada expresamente por Jesús a través del apóstol de la misericordia, santa Faustina Kowalska. Según las revelaciones de la santa, el pedido fue celebrar la fiesta el primer domingo después de la Pascua de Resurrección, cosa a lo que accedió el papa al instituirla durante su canonización el 30 de abril del 2000.

Santa Faustina, así como san Juan Pablo II, era polaca. Sin duda alguna él conocía sobre estos escritos que Pio XII había colocado en el Índice de los Libros Prohibidos y que Pablo VI había eliminado en su totalidad. Es posible que san Juan Pablo II le haya dado un nuevo impulso al diario de Sor Faustina.

Puede que me equivoque, pero creo que san Juan Pablo II había estudiado e interiorizado las enseñanzas del diario de sor Faustina mucho antes de convertirse en papa. El tema de la misericordia era algo que en los primero años de su pontificado ya estaba latente. Tanto es así que su segunda carta encíclica publicada el 30 de noviembre de 1980, se llama Dives In Misericordia. El título hace referencia a unas palabras de Efesios 2, 4 que dicen: “Pero Dios, rico en misericordia…”

Hay que tener claro que recibir la misericordia de Dios no es pensar que podemos pecar y alejarnos de él sin ninguna consecuencia. Así lo advierte san Juan Pablo II en la encíclica: “Es obvio que una exigencia tan grande de perdonar no anula las objetivas exigencias de la justicia. La justicia rectamente entendida constituye por así decirlo la finalidad del perdón. En ningún paso del mensaje evangélico el perdón, y ni siquiera la misericordia como su fuente, significan indulgencia para con el mal, para con el escándalo, la injuria, el ultraje cometido”. Por eso, Jesús le advierte a sor Faustina: “Cuando te acerques a confesar, sabe que yo mismo te espero en el confesionario, oculto en el sacerdote, pero soy Yo el que opera en tu alma”. Es decir, debe haber un profundo arrepentimiento de la falta cometida.

Algunos piensan que Dios nos ama porque somos buenos y nosotros lo merecemos, la verdad es que Dios nos ama porque Él es bueno y nosotros lo necesitamos. La misericordia de Dios -que tiene su rostro en su Hijo Jesucristo- se hace carne para enseñarnos a ser misericordiosos con nuestros semejantes. Jesús dice: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros” (san Juan 13, 34). Y si no está claro el mandamiento, el evangelista lo vuelve a repetir dos capítulos más adelante: “Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado” (san Juan 15, 12).

Aunque este tipo de celebraciones religiosas son movibles, y ya recordamos el paso de san Juan Pablo II a la vida eterna (su fallecimiento fue el 2 de abril del 2005), les recuerdo un dato curioso: el Papa Viajero falleció a las 21h37, mientras concluía el sábado, y ya habíamos entrado en la octava de Pascua y comenzaba el Domingo de la Misericordia Divina. Así buscan los santos entrar al paraíso.

Estamos todos a tiempo de ejercitarnos en la misericordia. Que este día de fiesta no se nos pase de largo y tratemos de descubrir en nuestro hermano más próximo el rostro de Cristo.

#misericordia #divinamisericordia

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