El Amor como Vocación del Hombre


Como he comentado en otras ocasiones, las primeras enseñanzas de san Juan Pablo II en su pontificado fueron llamadas por él mismo como teología del cuerpo. Desde el 5 de septiembre de 1979 al 28 de noviembre de 1984, realizó en total 129 catequesis en sus audiencias generales de los miércoles, donde trataba de explicar, con sustentos bíblicos, el significado de la naturaleza humana, particularmente en nuestra creación como hombre y mujer, y a ese llamado de “ser una sola carne”. Solo existe un material escrito que no fue promovido, concernientes al Cantar de los Cantares, que fueron recién publicados en el 2006.

El investigador Michael Waldstein cree que estas reflexiones fueron escritas para un libro por el entonces cardenal Karol Wojtyla con el título: Hombre y Mujer Fueron Creados. Presumiblemente, su elección como papa hizo que sus enseñanzas fueran conocidas por una mayor audiencia. Luego de su elección, el papa Juan Pablo II le dio un nuevo giro a su manuscrito, adaptándolo a conferencias semanales. De esta manera, el Obispo de Roma adecuó las reflexiones a catequesis para ser asimiladas por la Iglesia Universal.

Estas enseñanzas tratan de responder un poco el dilema que había generado la encíclica Humanae Vitae del papa Pablo VI acerca de la concepción y de la regulación de la natalidad. Pero sobre todo, lo que busca es responder las dos preguntas fundamentales que todo ser humano se hace: 1.- ¿Qué significa pertenecer a la especie humana?, 2.- ¿Cómo puedo encontrar la felicidad en mi vida? Básicamente estas dos preguntas tienen su esencia en la antropología y en la vocación.

El manuscrito original de san Juan Pablo divide el texto en dos partes, que contienen tres secciones cada una. La primera parte: Las Palabras de Cristo, está subdividido en: Cristo apela al “comienzo”, Cristo apela al corazón humano y Cristo apela a la resurrección. La segunda parte: Los sacramentos, está subdividido en: la dimensión de la alianza y de la gracia, la dimensión del signo y la ley de la vida como herencia.

Para efectos pedagógicos, los entendidos han dividido sus escritos de la siguiente manera: primera parte: La antropología adecuada, subdividida en: el hombre original, el hombre histórico y la escatología del hombre; segunda parte: Aplicación de la antropología adecuada, subdividida en: el celibato por el reino de los cielos, la sacramentalidad del matrimonio y reflexiones de Humanae Vitae.

En las últimas investigaciones sobre las enseñanzas de san Juan Pablo II, se ha encontrado que él dedicó todas estas enseñanzas a la Virgen María. En la esquina superior derecha del manuscrito original se encuentra una fecha: 8 de diciembre de 1974, Fiesta de la Inmaculada Concepción de María. Y encima de la fecha, una dedicatoria: “Tota pulchra es Maria”, en explícita referencia al Cantar de los Cantares 4, 7 (¡Toda hermosa eres, amada mía, no hay tacha en ti!). El Catecismo de la Iglesia Católica No. 773 nos recuerda que “María nos precede a todos en la santidad que es el misterio de la Iglesia como la "Esposa sin mancha ni arruga" (Ef 5, 27). Por eso la dimensión mariana de la Iglesia precede a su dimensión petrina". Seguramente esto lo tenía presente el cardenal Wojtyla cuando comenzó a escribir sus reflexiones y por eso quiso dedicarle a ella sus reflexiones.

Muchos creen que la teología del cuerpo son catequesis solamente sobre el sexo, pero va mucho más allá. Definitivamente entendiendo nuestra naturaleza sexual, podremos entender “el gran misterio” del plan original de Dios, que nos llama al amor extremo. En las propias palabras de san Juan Pablo II: “De hecho, esta es la perspectiva de todo el evangelio, de toda la enseñanza, más aún, de toda la misión de Cristo”, (audiencia general del 3 de diciembre de 1980)… “Y está teología del cuerpo funda después el método más apropiado de la pedagogía del cuerpo, es decir, de la educación -más aún, de la autoeducación- del hombre” (audiencia general del 8 de abril de 1981).

Pero tal vez deja más claro cuál es la vocación primaria del ser humano en su primera carta encíclica como papa Redemptor Hominis, escrita en 1979: “El hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente… El hombre que quiere comprenderse hasta el fondo a sí mismo -no solamente según criterios y medidas del propio ser inmediatos, parciales, a veces superficiales e incluso aparentes- debe, con su inquietud, incertidumbre e incluso con su debilidad y pecaminosidad, con su vida y con su muerte, acercarse a Cristo.”

San Juan Pablo II vuelve a reforzar esta disposición al amor en 1995 en el libro Cruzando el Umbral de la Esperanza: “Como un joven sacerdote aprendí a amar el amor humano. Este ha sido uno de los temas fundamentales de mi sacerdocio, mi ministerio en el púlpito, en el confesionario y también en mis escritos. Si uno ama el amor humano, naturalmente surge la necesidad de comprometerse completamente al servicio del "amor justo", porque el amor es justo, es hermoso.” En definitiva, podemos concluir que la vocación fundamental del hombre es amar, como Dios ama.

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