Papa Francisco: Hecho en Latinoamerica


Voy a confesar algo. Nunca imaginé que un cardenal de Latinoamérica tendría reales posibilidades de llegar a la Sede de Pedro. Por pura lógica matemática, las posibilidades apuntaban a un italiano, debido a que eran la mayoría. “Nosotros estamos en pañales”, pensaba yo, ya que sólo tenemos 500 años de cristianismo, comparado con los dos mil años que tienen algunos países al otro lado del Atlántico.

“¿Argentino? ¿La información es de EWTN o de CNN?”, pregunté totalmente incrédula. La fuente de la noticia tenía que ser confiable. Las páginas en internet estaban todas colapsadas, pero alcancé a ratificar que el nuevo papa venía del Nuevo Continente. Ese 13 de marzo del 2013, pasado el mediodía en mi ciudad, el mundo tenía un nuevo líder de la Iglesia Católica, que venía del fin del mundo, como él mismo expresó en su primer mensaje desde una ventana del Vaticano.

Yo, como muchos, en los días subsiguientes estuve atenta a cada palabra y gesto del Papa Francisco. Pero, lo que más me sorprendió en sus primeras intervenciones, no fue su austera cruz en el pecho, ni los zapatos gastados en sus pies; fue la forma directa de hablar del enemigo sin tapujos ni reservas. El mal existe, es real y muchos santos lo han enfrentado físicamente. Aquí tres ejemplos de las frases del Santo Padre en referencia directa al diablo, en su primer mes como Papa:

- “Cuando no se confiesa a Jesucristo, me viene a la memoria la frase de León Bloy: «Quien no reza al Señor, reza al diablo». Cuando no se confiesa a Jesucristo, se confiesa la mundanidad del diablo, la mundanidad del demonio.” Dijo el 14 de marzo, en la homilía de su primera misa junto a los cardenales.

- "No cedamos nunca al pesimismo, a la amargura que el diablo nos propone cada día, no cedamos al desaliento.” Comentó el 15 de marzo, en su encuentro con los cardenales.

- …“en este momento viene el enemigo, viene el diablo, tantas veces disfrazado de ángel, e insidiosamente nos dice su palabra. No le escuchéis”. Expresó el 24 de marzo, en la homilía del Domingo de Ramos.

Nunca es bueno comparar, pero el ser humano tiende a hacerlo constantemente. Comparamos al comunicador y filósofo San Juan Pablo II con el músico y teólogo Benedicto XVI, y compararemos éste último con el humilde y práctico Francisco. La noticia de la renuncia de Benedicto XVI golpeó mi alma, no lo voy a negar. Pero tengo la confianza de que la Barca de Pedro la maneja el Espíritu Santo y no la abandonará.

Soy de la generación del San Juan Pablo II, que también gustó de las enseñanzas de Benedicto XVI, y creo que aún con ciertas noticias negativas que circulan en referencia al Papa Francisco, voy a aprender mucho de sus enseñanzas sencillas y directas. Tal vez, el haber sido alimentado de la buena carne de res al compás del tango hará que este Papa siga maravillando a muchos.

#papafrancisco

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