¿Quién Falló?


Continuando las reflexiones sobre el Génesis, leemos en el primer libro de la Biblia que todo era bueno; pero cuando llega al hombre a escena, Dios dice que todo era “muy bueno”. Esto ubica al hombre por encima de la creación. Además, le da poder a Adán de que ponga nombre a todo lo creado, eso es muy significativo, porque representa posesión. Adán, así, toma posesión de todo. Él está encima de la creación, pero sabe que es inferior a Dios.

Adán se dio cuenta de que todos los animales tenían una pareja según su especie (Gn. 2, 20), pero no había una compañía idónea para él, por eso Dios vio que “no era bueno que el hombre esté solo” y crea a la mujer “de su costado”, supliendo la falta y proveyendo compañía a Adán. Algunas versiones de la Biblia dicen “costilla”, pero lo más acertado es “costado”. Eso significa que el hombre y la mujer, aunque son diferentes físicamente, son iguales en dignidad ante Dios. ¡Cuál fue la sorpresa de Adán, al ver en Eva a un igual! “¡Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne!” (Gn. 2, 23), exclama admirado.

En el mismo versículo se lee: “Esta será llamada mujer” (algunas versiones de la Biblia dicen varona), “porque del varón ha sido tomada”. La palabra “mujer” no es un nombre propio sino más bien una identificación o característica sexual, no es que Adán le pusiera nombre a la mujer, y así consentir el dominio y posesión sobre ella, sino que reconoce una variedad de su especie, ya que hasta ese momento era solo él.

Por eso San Juan Pablo II hace una reflexión sobre el término “hombre”. En una primera instancia es más que todo un sustantivo genérico, una sola especia, algo como decir “ser humano”, pero con la aparición de Eva, el “hombre” ya posee connotación específicas masculinas, al verse diferente a la mujer que tiene características femeninas.

Un artista nunca hace una obra de arte al principio de su carrera. Por lo general pasa un tiempo a que el artista se forme, se prepare, tal vez tiene aciertos y desaciertos, y entonces llega la “obra maestra”. Pensemos en los grandes artistas como Da Vinci, Rembrandt o Picasso. Así podemos pensar que pasa con la creación. La obra maestra de Dios es el ser humano, y como coronando la obra maestra: ¡la mujer!

Dios le da a Adán tres responsabilidades: crezcan, multiplíquense y dominen la creación. Adán es el dueño de todo, junto a su mujer. Pero miren qué cosa más interesante, cuando pecan, Dios no va donde la mujer a preguntarle qué pasó, va directamente donde el hombre… es él el responsable. Si en una empresa las ventas han caído, el dueño de la empresa no va donde el vendedor, va donde el gerente de ventas para que le pase un informe… “Adán, ¿qué pasó?, ¿por qué te escondes?, ¿quién te dijo que estabas desnudo?...” Adán se defiende escudándose en la mujer y la mujer se escuda en la serpiente.

Definitivamente el pecado recae sobre Eva al dejarse engañar por el tentador, pero reflexionemos un poco más sobre el evento en sí. Adán falla al no defender su propiedad, ya que con la caída del pecado entra en juego toda la creación. Aquello que Dios le había entregado como regalo para que lo proteja, en un momento es destruido. Adán bajó la guardia, cerró los ojos y permitió que la serpiente se acercara a Eva a seducirla. Él era el primero que debía custodiar la tierra.

Es así como el hombre está llamado a ser cabeza de su casa, la iglesia doméstica. Pero, ¿qué sucede hoy en día? En muchos casos, es la mujer la que lidia con todos los quehaceres familiares, mientras el hombre mira la televisión, lee el periódico y se desentiende de todo. Gracias a Dios esto está cambiando en los hogares, pero solo en los hogares donde hay un esposo. El hombre se desentiende tanto de la familia que vemos muchas mujeres educar solas a sus hijos. Creo seriamente que si el hombre liderara la fe en su casa, las iglesias estarían repletas de familias.

Si el pecado entró por Adán, la salvación viene por Jesús; pero al mismo tiempo, si la portadora de la desventura es Eva, la portadora de la gracia es María. Por eso tenemos en el capítulo tres del Génesis el Protoevangelio… es el primer lugar donde se hace referencia a María y al Salvador. Decimos que María es la Nueva Eva, pero también decimos que Jesús es el Nuevo Adán, ¿por qué?

¡Efesios 5! “Mujeres sométanse a sus esposos” (¡Suena fuerte eso!). “Hombres amen a su mujer como Cristo amó a su Iglesia”. ¿Y cómo amó Cristo a su Iglesia? ¡Hasta dar la vida por Ella! Jesús viene a dar la vida por su novia, su Iglesia, cosa que no hizo Adán. Cristo dice “Aquí estoy. Mátenme a mí, pero dejen a mi mujer/iglesia intacta.” El hombre está llamado a dar la vida por su mujer. ¡A dar la vida! (¡Eso es mucho más fuerte!) ¿Cuántos de ustedes, caballeros, están dispuestos a hacerlo?

#pecadooriginal #adanyeva #hombresdeverdad

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