Enseñanzas de Juan Pablo II


San Juan Pablo II nos introduce al Amor de Cristo en la experiencia del amor humano, en un compendio de doctrinas o enseñanzas llamada Teología del Cuerpo. Son 129 catequesis dadas entre septiembre de 1979 y noviembre de 1984 en las audiencias generales de los miércoles. El punto principal es la creación: el ser humano es creado hombre y mujer. Esta reflexión nos da una visión integral que permite una adecuada respuesta al problema del matrimonio y la procreación. Una vez que comprendes estas enseñanzas, no puedes ver el mundo en que vives de igual manera.

Todos hemos oído y estamos familiarizados con el término pecado original, pero el San Juan Pablo II durante sus prédicas nos advierte de otros aspectos importantes en el libro del Génesis:

- Soledad Original: Existe dos relatos de la Creación. En el primero leemos que todo lo que hizo Dios “era bueno”, pero al crear al hombre la Biblia dice: “era muy bueno”. Eso es importante ya que coloca al hombre como el ser superior de todo lo creado. Tenemos aquí dos enseñanzas. Primero que el ser humano es diferente a todas las demás creaturas (Adán dio nombre a todo, lo que significa que tomó posesión), no había nadie semejante a él. Segunda enseñanza, Adán era diferente a Dios. Vemos en este aspecto que el ser humano se sabe inferior a Dios, aunque superior a todo lo creado. Vemos entonces que hay una necesidad de búsqueda del ser supremo y del otro que sea su igual. El ser humano se ve a sí mismo incompleto y sólo en Dios podía encontrar la plenitud. Además, vemos que existe una gran familiaridad entre el ser humano y Dios, porque se comunican constantemente.

- Unidad Original: Esa soledad nos lleva a una experiencia de unidad. El segundo relato de la Creación comienza donde el primero termina. Leemos en el Génesis que “no era bueno que el hombre esté solo”. Dios considera que hay que buscarle una compañera adecuada a Adán. Así que lo duerme y de su costado crea a Eva. Este hecho tiene su significado en que los dos son iguales a los ojos de Dios. “Esta sí es carne de mi carne y hueso de mis huesos”, contesta emocionado Adán. Él encuentra en Eva alguien a quien amar más que así mismo y en esa analogía los dos aprenden a amar a Dios. Dios es comunidad (“Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”), y el ser humano está llamado a buscar esa comunidad. Nuestros cuerpos han sido creados para buscar esa comunidad que se manifiesta en esa mirada pura que Adán y Eva tienen en un principio.

- Desnudez Original: Leemos también en el libro del Génesis que tanto Adán como Eva estaban desnudos en el Paraíso, y “no tenían vergüenza”. Al no tener vergüenza el uno al otro reconocemos que ambos gozaban de una gran pureza de corazón y veían en el cuerpo del otro el regalo del amor de Dios y lo aceptaban. El cuerpo del ser humano es la imagen física del misterio del amor de Dios. El cuerpo hace visible lo invisible. El cuerpo tiene un significado nupcial, que significa esa entrega completa y desinteresada que uno hace al otro. El cuerpo de alguna manera está diciendo “Yo soy un regalo para ti y tú eres regalo para mí”. Es a la vez una invitación y una entrega. Este es el verdadero sentido del cuerpo. Esa desnudez mostraba además, una confianza plena y extrema entre ellos, no sentían que podían ser defraudados ni desilusionados por el otro.

- Pecado Original: Toda la creación de Dios queda aplacada en el pecado original, que no es nada más que la desconfianza a Dios y entre ellos mismos. “Se escondieron porque estaban desnudos”, dice el Génesis. Descubrieron que habían perdido esa confianza en la que fueron creados, que es una característica importantísima en el matrimonio. Se esconden el uno del otro, pero también se esconden de Dios, porque entendían perfectamente que habían defraudado a Dios, su creador. Es por eso que tanto hombre como mujer deben ahora recuperar esa confianza perdida. Antes de la caída, existía una gran intimidad entre el ser humano y Dios, y entre el hombre y la mujer. Con el pecado original esa intimidad se quiebra y el resultado es ese resquebrajamiento en el amor, tanto entre el hombre y la mujer como entre el ser humano y Dios.

- Inocencia Original: Esto tiene sentido en las tres originalidades primeras. A pesar de estar desnudos, Adán y Eva veían en el cuerpo del otro el reflejo del amor de Dios. Como había pureza en sus corazones, se sabían mediadores del amor de Dios. Este Dios tan grande se entregaba a ellos en la expresión de amor que se daban el uno al otro, es decir, ellos eran “ministros” del plan eterno y perfecto de Dios que les permitía entrar en su misterio, el misterio del amor. A esto estamos llamados. Hay que reencontrar esa pureza para poder ver en el cuerpo del otro el verdadero significado por el cual fue creado. Cuando Adán vio a Eva no solo vio un regalo genérico: “ser humano”, sino que vio un aspecto femenino y particularmente maternal, y cuando Eva vio a Adán, veía un aspecto masculino y particularmente paternal. Por eso decimos que ambos cuerpos se complementan.

El destino final del ser humano es el cielo, esa es nuestra verdadera morada. En este mundo el cuerpo está hecho para expresar el amor hacia el otro, pero en el cielo experimentaremos en cuerpo y alma el amor de Dios de manera perfecta. El cuerpo del ser humano hace visible lo invisible. Hay en nuestra corporalidad una especie de código, señal o signo que expresa un cuerpo esponsal, una imagen nupcial. Y es de alguna manera el misterio que San Juan Pablo II trata de explicar diciéndonos que todos estamos llamados a un matrimonio místico con Dios.

#teologiadelcuerpo #juanpabloii

Entradas destacadas
Entradas
recientes
Archivo
Buscar por tags