Año Nuevo: Un Lienzo Nuevo


Comienza un nuevo año para pintarlo con los colores que más nos gustan. Es más, cada día podemos hacer nuevas pinceladas, borrando lo del día anterior. Un 2017 con nuevos propósitos y esperanzas; deseos que no cumplimos el año que terminó o que dejamos para después. Dios Hace nuevas todas las cosas (Apocalipsis 21, 5), todo comienzo es un nuevo comienzo para Él, pero a nosotros nos cuesta dejar atrás, olvidar lo pasado y mirar el futuro con ojos llenos de ilusión.

Como todos los años, me reuní con un grupo de amigos para sopesar los aciertos y desaciertos del año. Amores, proyectos, expectativas y viajes; todo el 2016 desfiló frente a nosotros mientras mirábamos el sol caer en el mar. Teniendo enfrente el nuevo año, ¡qué bonito sería comenzar de cero! Sin nadie que nos recuerde lo que una vez fuimos, esa persona que queremos olvidar y que ya no cuadra con la que observamos en el espejo.

Quiero hacer con ustedes mis propósitos para este año. Pero quiero que mis propósitos den frutos espirituales, y si al finalizar el año ustedes ven que no los he cumplido, háganmelo saber y reclámenme por mi falta de amor, por mi falta de tiempo y por mi falta de interés.

Quisiera cumplir mi promesa hecha a la Virgen tiempo atrás de rezar todos los días un rosario, pero sin apuros ni al finalizar el día; que no ponga por excusas el calor ni la lluvia; que lo pueda hacer de manera reflexiva y meditando cada palabra, pensando en el gran amor que Nuestra Madre del Cielo me tiene, y poniendo como intensión las necesidades de mi familia.

Quisiera no faltar a misa nunca más, porque es el alimento espiritual que me mantiene con vida, es la escalera que me eleva al cielo para tratar de ser perfecta, “como mi Padre celestial” (Mateo 5, 48). Las palabras de Santa Faustina Kowalska deben ser mi recordatorio diario: “Me veo tan débil que si no tuviera la Santa Comunión caería continuamente. Una sola cosa me sostiene y es la Santa Comunión”.

Quisiera visitar más frecuentemente la capilla. Acompañar, por lo menos una vez al mes, a Jesús en el via crucis. Yo no puedo mitigar su dolor ni su pena, pero puedo hacerle saber que no está solo, que me tiene a mí, un almita pequeña y sin valor, pero al fin de cuentas su alma; con todas mis imperfecciones y pecados, pero su alma.

Quisiera darme más a los demás. ¡Me cuesta tanto! Soy tan cómoda con mi tiempo y mi espacio que me molesta hacer un voluntariado social. Debo aprender a desvivirme por los más necesitados, porque es la única manera de vivir eternamente junto a Dios en su gloria. ¿Y quién no quiere vivir eternamente en la gloria de Dios?

Quisiera cultivar el arte de la benedicencia, es decir, silenciar los errores y defectos, y promover las cualidades y virtudes de los demás. Soy tan crítica con las personas que seguro Dios tomará en cuenta mi falta de caridad a la hora de encontrarme con Él. Si mis labios no tienen nada bueno que decir, que mejor queden sellados.

¡Un lienzo en banco! ¡Qué bonito sería tener un lienzo en blanco para pintar en él un nuevo año junto a Dios! ¿Quieres compartir conmigo tus propósitos? ¡Si lo haces, tal vez podríamos ayudarnos a cumplirlos!


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