Y Un Niño Chiquito


Ya estamos en la segunda semana de Adviento, y quisiera detenerme en la imagen de un pequeño niño, tal vez indefenso, tal vez con frío y hambre, o tal vez con el anhelo del Paraíso abandonado que deja para unirse a los hombres. Nuestro Dios Todopoderoso se esconde en la simplicidad de una carne humana, en una época en que las comunicaciones eran tan precarias y en algunos lugares inexistentes, y sin embargo, seguimos hablando de ese acontecimiento más de dos mil años después.

¿Qué es lo importante en este época del año? Para los más pequeños serán los regalos, para los mayorcitos tal vez las reuniones entre amigos, para la mayoría una época de compras locas y desgaste económico; pero para muy pocos, es el inicio de una promesa. La promesa del Salvador esperado que tome nuestra naturaleza para redimirnos.

Dios mismo se humilla y mendiga nuestro cariño y afecto. ¿Quién puede mirar a un recién nacido y no sentirse conmovido con el simple milagro de la vida? El pequeño Niño Dios extiende sus bracitos y nos mira con ojos llenos de ilusión. Ilusión de ser consolado, ilusión de ser amado, ilusión de dar amor. Pobres pastorcitos y ricos reyes hacen su peregrinar para adorar al Salvador. Los unos llamados por ángeles del cielo para ser testigos del regalo de Amor; otros, seguramente con conocimientos de los astros, seguían una radiante estrella. “Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos”.

La tradición de representar a la Sagrada Familia en el Pesebre de Belén, nos llega de San Francisco de Asís, quien en el año de 1223, en Greccio, Italia, celebró la Navidad con gran fervor, para avivar la fe apagada de los fieles. Si bien es cierto que los evangelios no hablan de mula y buey -tema que fue muy comentado en el 2013 con la publicación del libro La Infancia de Jesús, del Papa Benedicto XVI-, la representación que hizo el Poverello de Asís junto a estos animales, trascienden hasta el día de hoy. Seguramente el santo de Asís tenía presente las palabras de Isaías 1, 3: “El buey conoce a su dueño y el burro el pesebre de su señor…”

Isaías, también nos dice en el capítulo 11, versículo 6: “El lobo habitará con el cordero, el puma se acostará junto al cabrito, el ternero comerá al lado del león y un niño chiquito los cuidará”. ¡Un niño chiquito es nuestro guardián y guía! Nuestro Santo Padre Benedicto XVI nos recordaba en la homilía de la Solemnidad de la Natividad del Señor, el 24 de diciembre de 2011 que: “precisamente en la nueva experiencia de la realidad de la humanidad de Jesús se revela el gran misterio de la fe”.

¿Qué debe ser importante para mí en esta época del año? La pregunta queda abierta para que cada uno se responda antes de la llegada del Salvador. Pero quisiera recordar nuevamente las palabras del Papa Benedicto XVI en la Basílica Vaticana, en la Navidad del 2012: “En el niño Jesús, Dios se ha hecho dependiente, necesitado del amor de personas humanas, a las que ahora puede pedir su amor, nuestro amor. La Navidad se ha convertido hoy en una fiesta de los comercios, cuyas luces destellantes esconden el misterio de la humildad de Dios, que nos invita a la humildad y a la sencillez. Roguemos al Señor que nos ayude a atravesar con la mirada las fachadas deslumbrantes de este tiempo hasta encontrar detrás de ellas al niño en el establo de Belén, para descubrir así la verdadera alegría y la verdadera luz”.

#bebejesus #niñojesus #adviento

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