Nuestra Señora de Guadalupe


Como ya es tradición en mi parroquia, hemos comenzado la novena de la Virgen de Guadalupe y espero celebrar el 12 de diciembre con chocolate, mariachis y fuegos pirotécnicos. Me encanta ver cómo la iglesia se llena todos los días, mientras los representantes de los distintos equipos parroquiales ayudan en la realización de la novena: el grupo de señoras, el grupo de primera comunión, el grupo de confirmación, y así cada uno tiene su espacio ante la Madre de Dios para presentar sus peticiones y sus ofrendas.

Entre todas las advocaciones de Santa María, la de Guadalupe es para mí la más importante, primeramente porque es el nombre de mi mamá y de mi hermana, pero también porque indiscutiblemente es la llamada a evangelizar a América Latina, siendo la primera aparición en el nuevo continente, cuando la evangelización española estaba pasando por serios problemas, no tanto por los indígenas mexicanos, sino por los mismo españoles que preferían mantener a los indios sometidos, a solo 10 años de la conquista de la ciudad de México, según cuenta monseñor Eduardo Chávez, postulador de la causa para la canonización de san Juan Diego y canónigo de la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México.

En la mañana del 9 de diciembre de 1531, el indio Juan Diego, recién convertido al catolicismo, se dirigía a México a escuchar misa y a la altura del cerro de Tepeyac escuchó la voz de la Madre que le pedía que vaya donde el obispo Juan de Zumárraga y le dijera que era su deseo que se construya ahí un templo. Sin mucho éxito, Juan Diego repitió la vista donde monseñor de Zumárraga el 10 y el 11 de diciembre, pero el día 12 sucedió el milagro. Juan Diego iba corriendo a ver a un médico porque su tío se sentía mal y para no encontrarse a la Señora le dio la vuelta al cerro. Grande fue su sorpresa al verla por el otro lado del camino. La Virgen le dijo que su tío se hallaba en perfecto estado y que subiera a lo alto del cerro a ver la señal que el obispo le había pedido. Juan Diego recogió entonces variadas flores que eran inusuales en esa época del año y en esa zona del cerro. Al presentarse ante el obispo y desplegar su tilma, apareció la imagen que hoy veneramos.

Esa imagen está llena de significados, tanto para los españoles pero sobre todo para los nativos del lugar. Tenemos a una mujer joven de rostro moreno, con las manos en señal de oración, su cabellera es larga, señal de virginidad, pero a su vez la cinta le marca el embarazo que está avanzado. El manto de la Virgen es de un color verde azulado, azul como el mar y verde como las esmeraldas, colores solamente utilizados por los soberanos, así que Juan Diego sabía que estaba ante una noble, ¡una emperatriz! Por algo la llamamos la Emperatriz de las Américas.

La Señora se presenta ante él con estas palabras: “Yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del Verdaderísimo Dios por quien se vive”. Cuando Juan Diego ve que la empresa a la que lo envía la Virgen no tiene buen final, y se topa nuevamente con ella, él sabe que no es el indicado para hablar con el obispo y tiene para sí estas palabras: “yo soy un hombre del campo, soy mecapal, soy parihuela, soy cola, soy ala; yo mismo necesito ser conducido, llevado a cuestas, no es lugar de mí andar, ni de mí detenerme, allá a donde me envías”. ¡Qué palabras más humildes la de este hombre sencillo que en el 2002 fue elevado a los altares por San Juan Pablo II! El día 12, el último día de las apariciones, la Madre del Cielo tiene estas hermosas palabras para Juan Diego: “¿No estoy yo aquí que tengo el honor y la dicha de ser tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás acaso en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos?”

Un dato que muchos no recuerdan y que aparece redactado en el Nican Mopohua, documento histórico en el que se relata las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe a san Juan Diego, es que la Señora el mismo día 12 se le aparece al tío que estaba enfermo, Juan Bernardino y es a él a quien le da su nombre: la Perfecta Virgen Santa María de Guadalupe. Esto tiene un especial significado ya que el obispo de México era español, y en Extremadura de España ya existía una imagen que se veneraba con ese mismo nombre; así que esta era otra señal para el señor obispo y para todos los españoles.

Es increíble cómo la imagen de la Virgen de Guadalupe es hoy en día reconocida a nivel mundial y es estandarte de numerosas agrupaciones provida. Que así como la Virgen María imprimió su imagen en esa tilma rudimentaria y burda, así también imprima en nosotros ese amor a Dios y a todos los seres humanos, desde su concepción hasta la muerte natural.

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