Evidencias de la Razón para Creer en Dios


Vivimos una época de cientificismo, donde hay mucha ignorancia filosófica que perjudica al conocimiento integral de la verdad. La realidad es que las evidencias no sólo son las que se pueden medir o comprobar en un laboratorio. Esta es una común confusión en el mundo actual, donde la ciencia ha sido “endiosada” en detrimento de otras áreas del conocimiento humano de igual o mayor importancia para alcanzar la verdad, como por ejemplo la filosofía.

Es falso que las únicas verdades sean las que se pueden medir o comprobar en un laboratorio. La realidad es que existen también lo que se denomina “evidencias de la razón”, las cuales son alcanzadas mediante la lógica, y son las evidencias adecuadas para creer en realidades que por su propia naturaleza no pueden ser comprobadas científicamente, como por ejemplo la existencia de un ser inmaterial y eterno como Dios.

En esta línea, a continuación expondremos brevemente uno de los argumentos lógicos más famosos para la existencia de Dios, el denominado “Argumento Moral”, que ha existido ya durante varios siglos.

Entre sus más famosos proponentes tenemos al filósofo alemán Inmanuel Kant y al escritor irlandés C.S. Lewis.

A continuación, su composición más común:

Premisa Mayor: Si Dios no existe, los valores morales objetivos no existen.

Premisa Menor: Los valores morales objetivos existen.

Conclusión: Dios existe.

Es muy importante empezar por aclarar que este argumento no pretende concluir que hay que creer en Dios para tener una conducta moral. Ciertamente uno puede ser ateo y comportarse moralmente, así como también uno puede ser creyente y tener una conducta inmoral. El objetivo de este argumento es otro: demostrar que la existencia de valores morales objetivos requiere necesariamente la existencia de Dios.

Como valores morales “objetivos” debemos entender a valores morales cuya vigencia o validez no está sujeta a la opinión mayoritaria. Tal vez el ejemplo más gráfico que podemos mencionar es el Holocausto. Matar a personas simplemente por su raza, etnia o religión es moralmente inaceptable, y si los nazis hubieran ganado la segunda guerra mundial y hoy todos habláramos alemán y pensáramos como ellos, seguiría siendo una conducta moralmente inaceptable. Es decir, si toda persona que estuviera en desacuerdo con los nazis hubiera sido ya asesinada y hoy sólo existieran descendientes de nazis con su misma forma de pensar, y aunque no hubiera una sola persona en el mundo que opine lo contrario, seguiría siendo una conducta moralmente inaceptable. Lo anterior es sólo posible si el no matar a alguien simplemente por su raza, etnia o religión, es una afirmación amparada por un valor moral “objetivo”, es decir por un valor que no depende de la opinión “subjetiva” de sujetos cambiantes (y limitados en tiempo y espacio) como los seres humanos.

Lo mismo podríamos decir de conductas como el abuso sexual, la esclavitud, el racismo, y muchas otras que sabemos estarían moralmente equivocadas, aunque en una sociedad humana determinada la mayoría absoluta pueda opinar lo contrario (o incluso expedir leyes que digan lo contrario).

El problema es que, sin la existencia de Dios (un ser inmaterial, eterno, omnisciente, omnipotente y perfecto en amor y justicia, como lo describe la fe cristiana), no hay donde puedan estar fijados y soportados estos valores morales de forma objetiva. Simplemente no hay escape a su subjetividad.

Si el origen de los valores morales está únicamente en las sociedades humanas, éstos deben seguir la naturaleza de éstas, y por tanto ser subjetivos por naturaleza, tal como lo son las sociedades humanas. ¿Dignidad de la vida humana?, ¿Cuál dignidad?, la vida humana tendrá sólo la dignidad que la mayoría o los más poderosos le reconozcan, en un lugar y tiempos determinados, nada más.

Abusos sexuales, esclavitud, racismo, y cualquier otra conducta aberrante no estaría realmente “mal” o “bien”, sólo sería “popular” o “impopular”, “útil” o “inútil”, dependiendo de lo que diga la mayoría en un lugar y tiempos determinados. No tendríamos un estándar objetivo para lo que está moralmente bien o mal.

Para ningún caso.

Pero sabemos, que no es así.

Tal como confiamos en nuestros sentidos para creer en la existencia material del mundo que nos rodea, también confiamos en nuestra experiencia moral para saber que en realidad sí hay cosas que están objetivamente bien o mal, de forma independiente a la opinión de la mayoría. Y es ahí precisamente, donde radica la fortaleza del “Argumento Moral” para la existencia de Dios.

En futuros artículos revisaremos otros argumentos lógicos igual de importantes, que también constituyen evidencias de la razón para la existencia de Dios

#Dios #Razón

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