¡Para toda la vida!


“El sacerdote estudia un promedio de cinco años para ejercer su vocación, y nosotros nos conformamos con unas horas a al semana para el matrimonio ¿Cómo no va a haber divorcios?”. Mi amiga dejó el pensamiento en el aire y cambiamos de conversación. Pero me fue difícil no regresar a esta idea una y otra vez.

La vocación religiosa se hace a conciencia, se requiere de tiempo, se medita mucho, se ora mucho, y por lo general, va acompañada del consentimiento de un guía espiritual. Para el matrimonio, bueno, lo único que parece necesario es tener maripositas en el estómago. La decisión de conformar un matrimonio debería ser madurada de forma profunda, tomando en cuenta todos los aspectos, inclusos los espirituales, de la pareja.

¿Habrá alguna madre o algún padre que diga: “hoy no me da la gana de darle de comer a mis hijos”?, no lo creo; pero sí es fácil decir al esposo o a la esposa: ‘ya no te quiero, me fastidias´. El matrimonio es una forma de santificación que conlleva una decisión diaria de ‘querer querer´. Es decir, levantarse todos los días con el firme propósito de hacer feliz al otro, a costa de mi propia felicidad. Pero la mayoría de los jóvenes se casan para ser feliz. He ahí el grave error.

¿Cómo debe ser el amor entre esposos? El amor debe ser libre, debe ser fructífero, debe ser fiel y debe ser total. Si falla uno de estos cuatro componentes, no es amor. Por eso, no hay que tomar a la ligera las preguntas que el sacerdote les dice a los esposos en las bodas. Son tres preguntas importantísimas: ¿Vienen libre y voluntariamente?, ¿Están dispuestos a amarse y respetarse?, ¿Están dispuestos a recibir los hijos que Dios les dé? Decía el escritor británico C. S. Lewis: ‘Una promesa debe hacerse en base a acciones; nadie puede prometer a sentir de una manera específica´.

¡Qué hermoso cuando me di cuenta que en el sacramento del matrimonio los esposos son los ministros y el sacerdote hace la función de testigo ante Dios! El Catecismo de la Iglesia nos dice los sacramentos son signos sensibles y eficaces de la gracia. Sensible, que se ve, que se siente. Los esposos expresan a viva voz, delante de toda la asamblea y delante del altar que se entregan uno al otro; y lo que dicen con sus palabras, luego lo harán con sus cuerpos.

La Santa Madre Iglesia nos indica en el Catecismo que el matrimonio es similar al orden sacerdotal, ya que ambos están clasificados como sacramentos de servicio a la comunidad. El No. 1534, dice lo siguiente: “El Orden Sacerdotal y el Matrimonio, están ordenados a la salvación de los demás. Contribuyen ciertamente a la propia salvación, pero esto lo hacen mediante el servicio que prestan a los demás. Confieren una misión particular en la Iglesia y sirven a la edificación del Pueblo de Dios”.

Queda pendiente en nuestras parroquias elaborar un plan formativo más extenso -y tal vez más dinámico y motivador- sobre la vocación del matrimonio. Y queda también pendiente el deseo de los novios de querer ahondar en lo que significa ‘para toda la vida’.

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