Con Todos los Sentidos


San Juan Pablo II, en la audiencia general del 20 de febrero de 1980 dijo unas palabras que sintetiza nuestra experiencia como Hijos de Dios: “El cuerpo, de hecho, y sólo el cuerpo, es capaz de hacer visible lo que es invisible: lo espiritual y lo divino. Ha sido creado para transferir a la realidad visible del mundo el misterio escondido desde la eternidad en Dios, y ser así su signo”, (Audiencia General, 20-02-80). La relación con Dios es un misterio, y necesitamos nuestros sentidos humanos para poder entender el amor de Dios.

Solo por poner unos ejemplos en esto de la experiencia de los sentidos... ¿cómo narra Hechos de los Apóstoles la llegada del Espíritu Santo? “De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas”. Es algo totalmente auditivo y visual. ¿Qué dice Jesucristo en la Última Cena cuando instituye la eucaristía? “Coman y beban, este es mi Cuerpo”. ¡El sentido del gusto! ¿Y qué le dice Jesús a Tomas? “Mete tu mano en mí mano”. ¡Sentido del tacto! Los apóstoles, aun siendo los elegidos de entre los elegidos, necesitaban experimentar al Resucitado con los sentidos.

En el abrazo nupcial, como bien lo llama San Juan Pablo II -ya que esta experiencia de amor debe ser realizada por un hombre y una mujer bendecidos en sacramento del matrimonio- están inmersos todos los sentidos: visual, auditivo, táctil, olfativo y del gusto. Imagínate esa explosión de sentidos, si es posible una analogía, a la décima potencia, y aun así quedaría corta si tratamos de explicar lo que nos espera en el Cielo. Experimentamos el Amor de Dios a través de nuestra experiencia humana, y en esa entrega total y recíproca entre el hombre y la mujer ésta es la mejor manera de expresarlo. Aunque siga siendo una simple analogía.

Los signos son importantes para nosotros, sin ellos el mundo sería un caos, piensen en las señales de tráfico, en los signos de puntuación o en los símbolos que se utiliza en la economía global. La misma relación que tenemos con los signos para poder socializar con los demás, es también necesaria para nuestra experiencia con Dios. Por eso, el Catecismo de la Iglesia Católica en el No. 1146 nos dice: “El hombre, siendo un ser a la vez corporal y espiritual, expresa y percibe las realidades espirituales a través de signos y de símbolos materiales”.

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