Sobre la película "Yo antes de ti" (Me before you, 2016)


Siempre que se hace una película en la que un personaje tiene una lesión en la médula espinal automáticamente capta mi atención. Como ejemplos la película Amigos (Intouchables, 2011) y Mar adentro (2004). En ambas se plantea de distinta manera el sufrimiento de una persona, antes sana, que de repente su vida da un giro inesperado y catastrófico consecuencia de una lesión en la médula espinal; así como los recursos con los que dichos personajes enfrentan esta realidad en su propia subjetividad.

La razón por la que me interesa ver y leer este tipo de historias es porque yo mismo tengo una lesión en la médula desde hace poco más de 6 años. Perdí la movilidad de la mayor parte de mi cuerpo y me muevo en una silla de ruedas. Después de ver esta película me ha quedado un sabor un tanto agrio. Es una historia de amor simple con algunos detalles que te sacan más de una risa, pero en esencia plantea un drama sobre un tema de lo más añejo y controversial: el sentido de la vida en medio de las dificultades. No me atrevería a pretender generalizar una visión personal ni busco convencer a nadie con lo que voy a plantear. Defiendo enormemente el respeto a la libertad de pensamiento y por ello no agredo a quien piensa distinto, más es diferente cuestionar la secuencia de pasos lógicos e ilógicos que dan lugar a una idea y mediante argumentos empíricos tratar de dar una explicación alternativa a la que se está dando en una trama determinada. El mensaje que la película pretende exponer a través de su personaje principal se resume más o menos así: “si algo sucede en tu vida que no te gusta o te produce dolor o sufrimiento, entonces tienes la opción de decidir si sigues con tu vida o te suicidas. No tienes por qué aceptar una realidad dolorosa y ni el amor de tu familia o tu pareja es capaz de hacerte sentir que la vida vale la pena ser vivida”. No hay que perder de vista el factor individual dentro de la película que representa el paciente con cuadriplejia. Una lesión medular o cualquier otra condición médica no es vivida ni asimilada de la misma manera por una persona y por otra. Este “accidente” llega a un receptor, una semilla cae en un campo, y ese campo puede estar fértil y tener la suficiente capacidad de afrontar la dura experiencia, y tener gente que cuide y riegue la cosecha; o bien, puede que al momento de caer esa semilla el campo está vacío, lleno de piedras y maleza como consecuencia de un proceso de desarrollo personal alterado. Una personalidad como la del protagonista, con demasiado amor propio (real o aparente), que no ha convivido lo suficiente con la frustración en tiempos previos, que idolatra su autoimagen y sus capacidades pasadas y se niega a aceptar las actuales, una personalidad superficial y vacía que ante los obstáculos se enoja y hiere a quienes le rodean, sin un atisbo de fe en Dios o en un poder superior al menos, incapaz de establecer un vínculo significativo con otros, ya no digamos amar a alguien más que a sí mismo, constituye el terreno infértil en la cual la semilla de la adversidad no puede fructificar. Viéndolo así no llama la atención que el protagonista de esta historia pidiera morir. Que sentido tiene una existencia así? Muchos dirán: bueno, es una película, no te la tomes tan en serio... Entiendo ese punto, pero sinceramente me parece una falta de responsabilidad de la autora del libro en el que se basa la película (Jojo Moyes) y de los creadores (Warner) que muestren el suicidio asistido como una alternativa viable, abusando de esa libertad humana tan pobremente concebida por tantos. Eso sí, envuelta en un profundo emotivismo que propicia que al verla se nuble el criterio y se dignifique el suicidio cuando las cosas en nuestra vida no son como quisiéramos. Quienes nos dedicamos a la salud mental (soy médico psiquiatra) y hemos profundizado en temas como la prevención del suicidio, sabemos del enorme impacto que tienen las películas y telenovelas sobre la mente de las personas; de cómo se da la identificación con los personajes, de cómo se interiorizan modelos de conducta y se aceptan como normales y comprensibles ideas que van en contra de la vida. Suficiente muerte, destrucción, violencia y desolación nos rodea como para que los mensajes que se transmiten masivamente mediante el cine y la televisión lleven al espectador a ver el mundo desde una perspectiva aún más triste y más vacía.

Es cierto. Vivir con una lesión medular y no poder caminar es una realidad que no le deseo a nadie. Hay dolor físico y emocional, hay noches largas de añoranza de un pasado que ya fue y un futuro cuesta arriba. Por fortuna la voluntad es una función que no depende de la integridad de tu médula; SIEMPRE, cuando decides buscar el sentido de tu nueva existencia, la vida plantea numerosas razones para vivir. El punto es que las quieras ver. Por último solo quiero recalcar que tener una lesión medular y ser feliz y pleno no es imposible. Que el camino es más complejo y que probablemente haya muchos obstáculos que superar para seguir adelante con tu vida y darle vuelta a esa hoja de tu historia, es una realidad. Prueba de ello somos los miles de lesionados medulares que día a día tratamos de sonreír desde la silla de ruedas, no por optimismo vano y superficial sino por un sentido de la vida profundamente arraigado, que incluso nos lleva a estar agradecidos con Dios, nuestra familia y nuestros amigos por estar vivos. Los sentidos de la vida se descubren viviendo.

Dr. Jose Villela, Psiquiatra Universidad Panamericana, México

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