Luego vino El Pecado


Toda la Creación queda aplacada en el pecado original, que se puede resumir en la desconfianza que Adán y Eva llegan a tener con Dios. “Se escondieron porque estaban desnudos”, decíamos la semana pasada. Pero mira qué bueno es Dios que a pesar de la falta, les provee de ropa. El capítulo 3, versículo 21 del Génesis dice “Dios el Señor hizo ropa de pieles de animales para que el hombre y su mujer se vistieran”. Descubrieron que habían perdido esa confianza en la que fueron creados, que es una característica importantísima en el matrimonio. Se esconden el uno del otro, pero también se esconden de Dios, porque entendían perfectamente que habían defraudado a Dios, su creador. Es por eso que tanto hombre como mujer deben ahora recuperar esa confianza perdida.

Con el pecado original rompemos la comunicación, no solo con Dios, sino incluso con nosotros mismos, con los demás y con la creación entera (naturaleza); y nuestro propósito desde ese momento es volver a entablar la relación en estos cuatro aspectos.

Existen tres preguntas de misericordia que Dios hace a Adán una vez que éste se da cuenta de su desnudes: “¿Dónde estás?, ¿Quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del fruto del árbol que te dije que no comieras?” Dios sabe perfectamente qué ha hecho Adán, solo le estaba dando una oportunidad para confesar su pecado, pero no lo hace. Al contrario, echa la culpa a su compañera, y ésta a la serpiente. Es exactamente como nosotros actuamos ante el pecado: nunca es culpa nuestra.

¿Quién fallo? Yo hago esta reflexión: Dios va directamente a preguntarle a Adán, ¿Por qué? Porque él es el administrador de la Creación, a él se le dio el Paraíso, no a su compañera. Él fue el que le puso nombre a todo lo creado por mandato de Dios. El dueño de una empresa no va donde el vendedor a cuestionarlo sobre por qué no alcanzaron los objetivos propuestos, el dueño va donde su gerente.

El capítulo cinco de la Carta a los Efesios es muy importante para entender un poco más sobre este pasaje. Primero dice: “estén sujetos los unos a los otros” (21), después dice: “las esposas deben estar sujetas a sus esposos” (22), pero más adelante leemos: “amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia” (25). ¿Y cómo la amó? Dando su vida. Los esposos están llamados a morir por sus esposas. Si leemos este pasaje sin entender todo el contexto, pensaríamos que Pablo era un hombre machista, pero él manda a los hombres a amar como Cristo, quien vino a servir.

Por eso decimos que Jesús es el nuevo Adán. Si Adán no supo cuidar y defender a su mujer y permitió que la serpiente entablara conversación con Eva, vemos cómo Jesús, en contraparte, entrega su vida por defender a su novia, que es la Iglesia naciente. Si no reclamamos lo que en un origen era el plan de Dios, aquí parecería que sólo hay cabida para dos posiciones, o la mujer se deja dominar pasivamente o la mujer entra en el juego y trata de dominar al hombre.

Hoy en día, el hombre no está representando su papel de cabeza dentro de la familia, está dejando sola a la mujer y toda la responsabilidad de criar a los hijos. Necesitamos hombres -esposos y padres- comprometidos con la educación, la recreación y la formación de los hijos dentro de las familias.

#eva #adan #pecado #pecadooriginal

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