Sin vergüenza


Adán y Eva estaban desnudos en el Paraíso… y “no tenían vergüenza”. ¿Qué habrá querido decir el autor del Génesis con esto? Lo único que me viene a la mente es una gran libertad y pureza de corazón. Estar desnudos tiene una connotación de vulnerabilidad, así que este es un tema muy profundo. ¿A quién le gusta ser vulnerable? Entre ellos no existían máscaras; se podría traducir en: “lo que ves es lo que soy”.

Pero, en el Génesis, tenemos dos connotaciones diferentes de la desnudes. Primero leemos que “Estaban ambos desnudos, el hombre y la mujer, pero no se avergonzaban uno del otro” (Gn. 2, 25), y más adelante dice: “Entonces se les abrieron los ojos y ambos se dieron cuenta de que estaban desnudos”. (Gn. 3, 7). Es un antes y un después del pecado original.

El primero de los versículos en mención afirma que tanto el hombre como la mujer se aceptaban mutuamente como lo que eran, un regalo de Dios, con toda la pureza de corazón y sin intenciones de herir al otro, de sacar provecho del otro, sin usarlo ni manipularlo. No existe en la Biblia otro pasaje igual. En el resto de la Biblia la desnudez es sinónimo de vergüenza: las mujeres eran consideradas como prostitutas y los hombres de baja posición jerárquica.

La segunda desnudez, luego del pecado, ya denota vulnerabilidad. Esta vergüenza es buena porque protege nuestra pureza y castidad. La pureza nos ayuda a honrar nuestros cuerpos y el cuerpo de los demás como algo santo. La lujuria es una consecuencia de la pérdida de la pureza. De un dador-receptor de amor, nos convertimos en ladrones de momentos y de emociones. El amor es donación propia por el bien del otro, mientras la lujuria es la gratificación personal a costa del otro.

El cuerpo tiene un significado nupcial, que es esa entrega completa y desinteresada que uno hace. Es como si el cuerpo expresara con palabras: “yo soy regalo para ti, y tú eres regalo para mí”. Es a la vez una invitación y una entrega. Este es el verdadero significado del cuerpo, del que Adán y Eva tenían pleno conocimiento antes de la caída. Para que el amor sea real, debe ser libremente entregado y libremente aceptado.

El pudor que sentimos es una consecuencia del pecado, porque muy dentro de nosotros sabemos que nuestro cuerpo es sagrado y debe ser visto solo por personas que no van a utilizarnos. Entonces, ¿es posible hacer de lo sacro algo profano? Con el pudor tratamos de decir, “mi cuerpo es bueno, sí, pero tengo algo mejor para enseñarte”. La pureza invita a conocer, por eso decimos que revela más. La castidad ayuda a deshacernos de esa capacidad egoísta de usar al otro.

Es difícil vivir la pureza en un mundo donde todo lo atrayente parece llevarnos al placer, donde las mujeres queremos enseñar más piel porque tenemos la falsa idea de que nos hace más llamativas al hombre. Donde el hombre prefiere visualizar más carne porque piensa que eso lo hará satisfacer sus necesidades. Vivir la castidad y la pureza es una de las enseñanzas que debemos dejar a nuestros hijos, porque, aunque a veces no lo parezca, depende de eso su relación posterior en el matrimonio.

Termino con esta bella frase de San Juan Pablo II: "La pureza es exigencia de amor". Si lo contrario de pureza es suciedad ¿Quién desea estar sucio?

#adan #eva #desnudez

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