Papa Francisco Reafirma la Indisolubilidad del Matrimonio


El Papa Francisco nos advierte “que hoy la familia está en riesgo de convertirse un lugar de paso, al que uno acude cuando le conviene ya que el ideal matrimonial que es ese compromiso de exclusividad y estabilidad se ve arrasado por los caprichos, las circunstancias y el individualismo”.

Estas palabras surgen del preocupante número de rupturas matrimoniales. Por eso, la tarea pastoral más importante con respecto a las familias, es fortalecer el amor y ayudar a sanar las heridas, de manera que podamos prevenir el avance de este drama en nuestra época.

El Papa Francisco nos recuerda que Jesús reafirmó que la unión entre hombre y mujer es indisoluble. Jesús enfrenta a judíos y fariseos en cuanto al repudio de sus mujeres (que era aceptado en esa época) y les dice que “en el principio no fue así”, los cónyuges se hacen una sola carne y, por lo tanto, “lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”. Además demostró la importancia del matrimonio y la familia a lo largo de su vida: primero nace y crece en una familia. Inició su vida pública en las bodas en Caná y comparte momentos con varias familias como la de Lázaro y la de Pedro.

¿Cuál es la importancia de la indisolubilidad? La estabilidad del vínculo conyugal que beneficia a los esposos, a los hijos y a la sociedad.

Sin embargo, hoy, se presenta la indisolubilidad del matrimonio como un límite a las personas, algo del pasado o como una utopía. Y resulta muy difícil que un matrimonio permanezca junto si desde el principio se menosprecia la indisolubilidad. Por ello, el Papa nos dice que no hay que entenderla como un “yugo” impuesto a los hombres sino como un “don” para que el amor entre los esposos sea para siempre. No como una obligación, porque nace del mismo amor y crece bajo el impulso de la gracia que se recibe del sacramento del matrimonio.

El vínculo conyugal es perpetuo, es decir, para siempre. Así como un padre o una madre no dejan de serlo aunque quisieran porque son incapaces de romper el vínculo filial, así mismo, los esposos no pueden romper su vínculo conyugal, pues se dieron el uno al otro de forma completa y definitiva.

Para concluir, Su Santidad nos hace reflexionar y dice: “seamos sinceros y reconozcamos las señales de la realidad: quien está enamorado no se plantea que esa relación pueda ser sólo por un tiempo; quien vive intensamente la alegría de casarse no está pensando en algo pasajero; los hijos no sólo quieren que sus padres se amen, sino también que sean fieles y sigan siempre juntos. Estos y otros signos muestran que en la naturaleza misma del amor conyugal está la apertura a lo definitivo.”

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